Mandatos que perduran, ser hombre para poder formar parte de...

> LOS HOMBRES NO LLORAN, DESOLLAN!

30 Abr > LOS HOMBRES NO LLORAN, DESOLLAN!

LOS HOMBRES NO LLORAN. Hay que ser hombre y aguantarse las lágrimas, claro, portarse como un hombre, dar la cara, ser fuerte, etc, etc… de lo contrario serás una nenaza, una niña, un moñas, un mariquita…

Ir contra tus propios sentimientos es como tirarse piedras al propio tejado. Sin embargo, un mandato cultural como éste ha animado tradicionalmente a los hombres, desde un torpe corporativismo entre machos, a alinearse con los descerebrados, optando a menudo por autodestrucción y alentando a una violencia estéril alrededor. El interés de los poderosos azuzó en la historia el mito de la hombría, y usó de esa trampa para proveerse de carne de cañón para sus campañas más dudosas.

Me hago estas preguntas y reflexiones al hilo de volver a visionar ese interesante documental sobre el tema, que es The Mask You Live In, de Jennifer Siebel Newsom, visible en Netflix, un trabajo sencillo en lo formal que sin embargo ahonda de manera muy incisiva y novedosa en esta cuestión de la idea de masculinidad y sus consecuencias.

La máscara de la masculinidad

The Mask You Live In

Y del lado de la ficción – y la excelencia formal-, cómo no, la dura y a la vez poética “Moonlight”, de Barry Jenkins, que se acercó a este tema desde una sobriedad muy particular, muy existencialista.

Y detrás de todo esto, un sentimiento tan estúpido como el miedo a sentirse excluido del grupo, de la manada… El corporativismo masculino es y ha sido la base del machismo nuestro de cada día. Y al final, cuando uno repara en ello, parece de repente, que mucha de la violencia de los hombres –no sólo contra lo femenino- surge o se nutre en realidad del deseo de reafirma una malentendida masculinidad ante el grupo, la manada.

Cartel de la película

Cartel de la película

¿Y qué repercusión tiene esto sobre las emociones? En el contexto en el que yo trabajo, los Cursos de Teatro, a nadie le sorprende que la conexión de las mujeres, con el mundo emocional sea, a priori, más franca, variada, intensa. Encontrarlo en los hombres siempre suele suponer un esfuerzo extra. Tiene algo de reconquista.

Por ese lado, las clases de teatro constituyen una terapia para los hombres: restaurar el derecho a sus emociones, experimentar sobre su vulnerabilidad…

Porque de hombres menos conectados con su emociones derivan hombres más alienados con respecto a sí mismos, y de esa desconexión con respecto a sus sentimientos derivan al final las dificultades más serias para empatizar. Podemos imaginar que del analfabetismo emocional y la falta de estímulos culturales se acabe magnificando la importancia del sexo para colmar un deseo, que no ha encontrado otros fines de interés ni otros estímulos apetecibles que los más básicos. Y todo ello en una línea de nula empatía hacia los y las destinatarias de nuestro deseo: los hombres no lloran, tampoco empatizan…

¿Hasta qué punto los valores detestables del rebaño valen el precio de la no exclusión? Si te acabas tirando por el precipicio porque lo haga tu ciego rebaño, tu manada… ¿que más dará si eres la  oveja o el lobo?

Jordi David

clasesdeteatro.com

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